Cualquier avance relacionado con el glioblastoma, el tumor cerebral más frecuente y una de las «bestias negras» de los oncólogos por su agresividad y mal pronóstico, es bienvenido. Un equipo de investigadores del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) de Barcelona, liderados por el doctor Joan Seoane (en la imagen), director de Investigación Traslacional del citado instituto y profesor del ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados), han identificado una proteína —la USP15— que juega un papel determinante en el desarrollo de algunos cánceres, entre ellos el glioblastoma, y tiene un alto potencial terapéutico.
La investigación, publicada en «Nature Medicine», supone un avance importante hacia un tratamiento más accesible contra este tumor. La USP15 promueve la progresión del tumor a través de la activación de la hormona TGF-beta. Mediante ella, la proteína regula la proliferación de los vasos sanguíneos, de las células y también del sistema inmune. La TGF-beta es un potente inmunosupresor y, por lo tanto, permite que el tumor escape al sistema inmune del huésped.
«La proteína USP15 controla y corrige la actividad de la mencionada hormona del mismo modo que un termostato regula la temperatura», explica Seoane a ABC. El problema viene cuando en algunas personas esa proteína está sobreexpresada a causa de mutaciones génicas. «Entonces, el termostato se destruye y actúa como si siempre detectara frío», dice el científico. Esta situación se da en un 2% de los casos y en otros tumores, además del glioblastoma, como el de mama o el de ovario.
«Fácilmente inhibible»
«Inhibiendo esta proteína logramos que el tumor deje de crecer», explica el investigador, quien añade que la gran ventaja que ofrece esta diana terapéutica es que es «fácilmente inhibible desde el punto de vista farmacológico», lo que hace que, previsiblemente, «el tratamiento pueda llegar antes al paciente». Joan Seoane espera que ya haya un tratamiento en el mercado en unos siete u ocho años.

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