MALFORMACION ARTERIOVENOSA CEREBRAL

 

Dr. J. Sales Llopis

Servicio de Neurocirugía del Hospital General Universitario de Alicante.

 

Es un trastorno de los vasos sanguíneos del cerebro, en los cuales existe una conexión anormal entre las arterias y las venas sin la presencia de capilares o parénquima cerebral de naturaleza congénita.

 

Historia

 

Probablemente los primeros casos publicados sobre el diagnóstico y tratamiento de las malformaciones arteriovenosas (MAV) en el sistema nervioso desde un punto de vista neuroquirúrgico son los de Cushing y por Dandy a finales de la década del 20. La altísima mortalidad asociada a este tipo de patología hizo que en esa época las consideraran intratables.

El advenimiento de la angiografía, inventada por Egas Moniz en los años 30, trajo nuevas luces al entendimiento de este problema, permitiendo la visualización preoperatoria de las anomalías vasculares.

Ya en la década del 40 comienzan a aparecer publicaciones que reportan un tratamiento quirúrgico sistemático y con resultados aceptables, especialmente por el grupo de neurocirujanos escandinavos (Olivecrona y Norlén).

McKormick, en 1966, diferencia desde el punto de vista histopatológico los diversos tipos de hamartomas vasculares y establece una clasificación en grupos que se acepta hasta hoy.

Es así como distingue las MAV, las telangectasias, las malformaciones cavernosas y las malformaciones venosas, permitiendo una mejor comprensión de la historia natural de cada una de estas entidades en forma separada.

Paralelamente, en el ámbito neuroquirúrgico se comienzan a adoptar las técnicas de microcirugía utilizadas hasta entonces preferentemente por cirujanos otológicos. El trabajo de Yasagil a comienzos de la década del 70 marca un hito en este sentido revelando una estrategia del todo novedosa en la manipulación de las diversas estructuras del cerebro.

La navegación subaracnoidea preconizada por este autor, permite acceder en forma delicada y “no invasiva” a lugares profundos del encéfalo sin necesidad de atravesar parénquima sano circundante a una lesión. Esto redunda en un dramático cambio en los resultados quirúrgicos.

La técnica microquirúrgica es hoy día un standard universal en el tratamiento neuroquirúrgico de las MAV.

El ulterior desarrollo de las técnicas de diagnóstico por imagen, asociado a una mejor observación de la anatomía operatoria a través de la óptima iluminación y magnificación ofrecida por el microscopio quirúrgico, permitió hacer madurar conceptos tales como el de “vasos en pasaje”, que alimentando la MAV mediante colaterales, continúan su curso para irrigar zonas adyacentes y funcionales del cerebro y que deben por lo tanto ser identificados, aislados

y respetados durante la cirugía.

Durante todos esos años se desarrollaron numerosas clasificaciones y consideraciones acerca del riesgo asociado al tratamiento quirúrgico. En este sentido, el artículo publicado por Spetzler y Martin significó un gran aporte a la uniformidad de los distintos reportes acerca del tema.

Este autor clasifica a las MAV en 5 grados de acuerdo a sólo tres aspectos:

su tamaño, su localización (área elocuente o no) y a la presencia o no de drenaje venoso profundo.

Su simpleza y la alta correlación pronóstica han hecho que esta clasificación se siga usando y que sea un standard dentro de la especialidad.

 

Epidemiología

 

 

Prevalencia probablemente algo mayor del 0,14 % y leve preponderancia masculina. El riesgo de sangrado de una MAV es aproximadamente de 2 a 4% anual. El 64 % se diagnostican antes de los 40 años (8)

 

Las MAV pequeñas tienen mayor tendencia al sangrado (2, 10) debido a que puedan tener mayor presión (10) .Pero las grandes son más epileptógenas por la mayor participación cortical.

 

Más de la mitad de los pacientes con MAV presentan una hemorragia de la malformación como primer síntoma. (3, 9)

 

Es más frecuente entre los 15- 20 años de edad (9) con un 10 % de mortalidad y un 30-50 % de morbilidad. (4)

 

El 82 % es intraparenquimatoso seguido de la hemorragia subaracnoidea, intraventricular y subdural.

 

El riesgo anual de hemorragia cerebral se ha recogido en 3 estudios (1, 5, 12) y depende fundamentalmente de el tamaño de la MAV y de la edad del paciente.

 

Clasificación

 

 

Las malformaciones arteriovenosas varían en tamaño y en ubicación dentro del cerebro.

 

Algunos clasifican las MAV en piales; subcorticales; paraventriculares; combinadas.

 

Etiología

 

 

Se desconoce la causa de la malformación arteriovenosa cerebral (MAV).

 

Las malformaciones arteriovenosas cerebrales se presentan aproximadamente en 3 de cada 10.000 personas. Aunque la lesión esté presente en el momento del nacimiento, los síntomas se pueden presentar en cualquier etapa de la vida. Las dos terceras partes de los casos presentan los síntomas antes de los 40 años.

 

Clínica

 

 

Los primeros síntomas con frecuencia incluyen dolor de cabeza, convulsiones y otros problemas neurológicos repentinos, como son problemas de visión, debilidad, incapacidad de mover una extremidad o un lado del cuerpo, falta de sensibilidad o sensaciones normales en una parte del cuerpo.

 

Si la MAV sangra una vez, aumenta el riesgo de que vuelva a sangrar en el futuro. Los síntomas más comunes que se presentan primero son la hemorragia intracerebral y la hemorragia subaracnoidea.

 

En algunos casos, los síntomas también se pueden presentar debido a la falta de flujo sanguíneo en un área del cerebro (isquemia), a la compresión o distorsión del tejido cerebral por grandes MAV o al desarrollo anormal del cerebro en el área de la malformación. Puede haber una pérdida progresiva de las células nerviosas en el cerebro debido a factores mecánicos (presión) e isquémicos (falta de flujo sanguíneo).

 

Normalmente, los síntomas no aparecen hasta que se presentan complicaciones, las cuales involucran una ruptura de la MAV dando como resultado un sangrado repentino en el cerebro, al cual se le conoce como Apoplejía hemorrágica, que es específicamente lo que ocurre cuando se rompe una MAV.

 

Si se presentan síntomas antes de la ruptura de la MAV, estos son provocados por un pequeño y lento sangrado de los vasos sanguíneos anormales, los cuales son con frecuencia frágiles debido a su estructura anormal.

 

Dolor de cabeza súbito y severo localizado o general en algunos casos se asemeja a una migraña

Vómito con dolor de cabeza

Cambios en la visión- disminución de la visión- visión doble - visión borrosa

Convulsiones - convulsiones parciales (focalizadas) - convulsiones tónico clónicas generalizadas

Debilidad muscular, en cualquier parte del cuerpo

Disminución de la sensibilidad, en cualquier parte del cuerpo.

Cambios en el estado mental

Trastornos del nivel de concirencia

Rigidez en el cuello

 

Otros síntomas que pueden estar relacionados con esta enfermedad son:

 

Deterioro del lenguaje

Deterioro del sentido del olfato

Movimiento disfuncional

Desmayos

Parálisis facial

Párpado caído

Ruidos o zumbidos en el oído

Vértigo.

 

Diagnóstico

 

 

La prueba diagnóstica de elección:

 

Angiografía cerebral.

En los casos que exista la sospecha de una malformación angiográficamente oculta se practicará RM.

 

 

 

Una vez establecido el diagnóstico se clasificarán según: Grado de Spetzler-Martin en

 

 

Se sumarán los puntos

 

Este sistema se basa en tres componentes:

 

- Tamaño de la lesión.

 

- Ubicación en zona elocuente (área que tiene una función neurológica identificable y cuya lesión produce un déficit permanente incapacitante). Se considera como tal la sensorio-motora, del lenguaje, visual, ganglios basales, tálamo e hipotálamo, cápsula interna, tronco cerebral, pedúnculos cerebelosos y núcleos cerebelosos profundos.

 

- Patrón de drenaje venoso. Superficial si es al sistema venoso cortical. Profundo: si parte o todo el drenaje se hace a venas cerebrales internas, de Galeno, basales o cerebelosa precentral.

 

Las MAV grado I son pequeñas, superficiales y ubicadas en zona no elocuente.

 

Las lesiones grado V son extensas, profundas y situadas en áreas neurológicamente críticas.

 

Las MAV mayores de 6 cm. se clasifican en gigantes y por tanto serán siempre de 3 o más puntos.(De forma más frecuente 4 y 5).

 

En las lesiones grado III, últimamente se ha propuesto una modificación por Oliveira considerando que éstas pueden ser divididas en lesiones grado IIIa y IIIb, siendo las primeras las ubicadas a nivel de lóbulos de los hemisferios cerebrales, y las IIIb las situadas en núcleos de sistema estriado, tálamo o tronco cerebral, y que a pesar de tener ambas el mismo puntaje las últimas conllevan un riesgo diferente desde el punto de vista quirúrgico.

 

La TAC intraarterial se ha descrito como un método práctico y útil para la planificación del tratamiento mediante radiocirugía. (6)

 

Tratamiento  

 

El objetivo final del tratamiento de una MAV es su exclusión de la circulación cerebral sin lesionar directa o indirectamente las áreas vecinas. Con esta premisa en mente, paralelamente al tratamiento quirúrgico de las MAV, se han visto desarrollar una serie de técnicas complementarias y alternativas que han modificado en forma sustancial la estrategia de tratamiento. Entre ellas debemos destacar fundamentalmente dos: la neurorradiología intervencionista y la Radiocirugía.

 

Hoy día no es posible considerar un enfoque moderno del tratamiento de las MAV teniendo en cuenta sólo una modalidad de tratamiento. El concurso combinado de estas tres opciones ha demostrado conducir a los mejores resultados finales.

 

Sobre todo las MAV grandes precisan de un periodo larga de tiempo para la obliteración y es en estos casos donde el trabajo multidisciplinario es más necesario (Zabel-du Bois, Milker-Zabel et al. 2006).

 

Neurorradiología Intervencionista.-

 

La tecnología actual permite acceder selectivamente a vasos de pequeño calibre, ramas secundarias o terciarias de las arterias principales y que alimentan exclusivamente la MAV. De esta forma es posible con un riesgo muy bajo de complicaciones isquémicas, ocluir los vasos malformados a través de un microcatéter. Esto puede llevar a la eliminación completa de una MAV constituyéndose en estos casos como un tratamiento definitivo, o bien reduciendo significativamente el volumen del nido malformativo para completar una segunda fase a través de la resección quirúrgica o de radiocirugía.La embolización endovascular está cada vez más indicada por la mejora técnica. Los microcatéteres modernos permiten la embolización intranidal lo cual puede facilitar la posterior resección quirúrgica aunque por un efecto congestivo pueda ser necesaria la normalización antes del abordaje. (11)

 

Las complicaciones posibles tras la embolización endovascular son el infarto cerebral y la hemorragia intracerebral (3 a 15 % por paciente y 1 al 2 % por procedimiento).

 

La embolización previa a la radiocirugía disminuye la tasa de obliteración (Andrade-Souza, Ramani et al. 2007).

 

Tratamiento quirúrgico.

 

Técnica Microquirúrgica

 

Posición. Es importante mantener la posición elevada de la cabeza (aprox. 30°) durante todo el procedimiento quirúrgico ya que se logra disminuir la presión en venas yugulares y por tanto el sangrado durante la microdisección.

 

La rotación de la cabeza debe hacerse de acuerdo al abordaje planificado, pero a la vez evitar que exista compresión yugular por excesiva rotación o deflexión.

 

Procedimiento. Se realiza el abordaje de acuerdo con la localización de la lesión y su relación con áreas elocuentes. Las craneotomías en caso de MAV deben ser lo suficientemente amplias como para permitir al cirujano llegar a las cisternas de LCR y exponer no sólo el nido sino también las arterias nutricias y las venas de drenaje. Se realiza el abordaje de acuerdo con la localización de la lesión y su relación con áreas elocuentes. Las craneotomías en caso de MAV deben ser lo suficientemente amplias como para permitir al cirujano llegar a las cisternas de LCR y exponer no sólo el nido sino también las arterias nutricias y las venas de drenaje.

 

Complicaciones postoperatorias.-

 

Cambios de la presión de perfusión cerebral por trastorno de la autoregulación aunque esta teoría es discutible.

 

Hiperemia oclusiva de la vena de drenaje o por trombosis.

 

Resangrado por resto de nidus de MAV. (Especialmente los profundos).

 

Epilepsia.

 

Radiocirugía.-

 

Uno de los factores que podrían contribuir al cierre es el efecto que esta técnica tiene sobre los miofibroblastos (Szeifert, Timperley et al. 2007).

La oclusion histológica precisa más tiempo que la neuroimágen (Tu, Stoodley et al. 2006).

 

Reduce perceptiblemente el riesgo de la primera hemorragia (Maruyama, Shin et al. 2007).

 

En cambio en la edad pediátrica su indicación según autores debería ser más restringida debido a la consideración de los efectos secundarios de la radiación a largo plazo (Zadeh, Andrade-Souza et al. 2007), pero otros han tenido resultados superponibles a la de adultos con el mismo esquema de tratamiento (Zabel-du Bois, Milker-Zabel et al. 2006; Reyns, Blond et al. 2007).

 

La radiocirugía, es decir, la irradiación selectiva con altas dosis de radiación de blancos pequeños estereotácticamente definidos con respeto de las áreas elocuentes vecinas, ha significado un gran aporte al manejo de las MAV, especialmente aquellas de pequeño tamaño localizadas en regiones profundas del cerebro. El rendimiento en malformaciones pequeñas la hacen ser la alternativa de elección además para remanentes posteriores a una embolización en áreas de dificil acceso.

 

Se tratarán los profundos menores de 3 cm. mediante radiocirugía estereotáxica. La transformación de fibroblastos a miofibroblastos puede ser uno de los mecanismos de obliteración de las MAVs tras el tratamiento con radiocirugía. (7)

Los demás se tratarán mediante microcirugía o embolización o una combinación de ambos métodos o incluso también con radiocirugía estereotáxica previa e incluso en varias etapas.

 

En seguimientos entre 5 a 10 años se han conseguido obliteraciones de un 75 a 90 % para pequeñas MAVs con disminución de la morbilidad debida al tratamiento en MAV de grado Spetzler > de 3.

 

Pronóstico

 

 

Probablemente uno de los aspectos todavía inciertos en la toma de decisiones de tratamiento en las MAV es una relativa falta de datos acerca de la evolución natural de esta patología, sobre todo en pacientes en edades relativamente avanzadas.

 

Ha mejorado mucho el diagnóstico y se han desarrollado paralelamente los tratamientos, pero todavía es incierto establecer los riesgos de morbilidad o mortalidad asociados a la simple observación.

El desafío de los próximos años es delimitar exactamente la estrategia de tratamiento para cada paciente en particular basados en el análisis exacto y cuidadoso del balance entre el riesgo de la evolución natural y de la suma de los riesgos de la combinación de modalidades terapéuticas ofrecidas.

 

Bibliografía 

 

 

1. Brown RD, Jr.: Simple risk predictions for arteriovenous malformation hemorrhage. Neurosurgery 46:1024, 2000.

 

2. Crawford PM, West CR, Chadwick DW, Shaw MD: Arteriovenous malformations of the brain: natural history in unoperated patients. J Neurol Neurosurg Psychiatry 49:1-10, 1986.

 

3. Drake CG: Cerebral arteriovenous malformations: considerations for and experience with surgical treatment in 166 cases. Clin Neurosurg 26:145-208, 1979.

 

4. Hartmann A, Mast H, Mohr JP, Koennecke HC, Osipov A, Pile-Spellman J, Duong DH, Young WL: Morbidity of intracranial hemorrhage in patients with cerebral arteriovenous malformation. Stroke 29:931-934, 1998.

 

5. Kondziolka D, McLaughlin MR, Kestle JR: Simple risk predictions for arteriovenous malformation hemorrhage. Neurosurgery 37:851-855, 1995.

 

6. Kunieda E, Kawaguchi O, Onozuka S, Momoshima S, Takeda A, Shigematsu N, Hashimoto S, Ohira T, Kubo A: Intra-arterial CT-angiography for cerebral arteriovenous malformation--initial experiences for treatment planning of radiosurgery. Int J Radiat Oncol Biol Phys 54:1121-1133, 2002.

 

7. Major O, Szeifert GT, Fazekas I, Vitanovics D, Csonka E, Kocsis B, Bori Z, Kemeny AA, Nagy Z: Effect of a single high-dose gamma irradiation on cultured cells in human cerebral arteriovenous malformation. J Neurosurg 97:459-463, 2002.

 

8. Ondra SL, Troupp H, George ED, Schwab K: The natural history of symptomatic arteriovenous malformations of the brain: a 24-year follow-up assessment. J Neurosurg 73:387-391, 1990.

 

9. Perret G, Nishioka H: Report on the cooperative study of intracranial aneurysms and subarachnoid hemorrhage. Section VI. Arteriovenous malformations. An analysis of 545 cases of cranio-cerebral arteriovenous malformations and fistulae reported to the cooperative study. J Neurosurg 25:467-490, 1966.

 

10. Spetzler RF, Hargraves RW, McCormick PW, Zabramski JM, Flom RA, Zimmerman RS: Relationship of perfusion pressure and size to risk of hemorrhage from arteriovenous malformations. J Neurosurg 76:918-923, 1992.

 

11. Steiger HJ, Bruckmann H, Mayer T, Schmid-Elsaesser R, Zausinger S: Congested residual nidus after preoperative intranidal embolization in midsize cerebral arteriovenous malformations of 3-6 cm in diameter. Acta Neurochir (Wien) 146:649-657, 2004.

 

12. Theodore N, Apostolides PJ, Spetzler RF: Simple risk predictions for arteriovenous malformation hemorrhage. Neurosurgery 38:1066-1067, 1996.

 

Andrade-Souza, Y. M., M. Ramani, et al. (2007). "Embolization before radiosurgery reduces the obliteration rate of arteriovenous malformations." Neurosurgery 60(3): 443-51; discussion 451-2.

Maruyama, K., M. Shin, et al. (2007). "Radiosurgery to reduce the risk of first hemorrhage from brain arteriovenous malformations." Neurosurgery 60(3): 453-8; discussion 458-9.

Reyns, N., S. Blond, et al. (2007). "Role of radiosurgery in the management of cerebral arteriovenous malformations in the pediatric age group: data from a 100-patient series." Neurosurgery 60(2): 268-76; discussion 276.

Szeifert, G. T., W. R. Timperley, et al. (2007). "Histopathological Changes in Cerebral Arteriovenous Malformations following Gamma Knife Radiosurgery." Prog Neurol Surg 20: 212-9.

Tu, J., M. A. Stoodley, et al. (2006). "Responses of arteriovenous malformations to radiosurgery: ultrastructural changes." Neurosurgery 58(4): 749-58; discussion 749-58.

Zabel-du Bois, A., S. Milker-Zabel, et al. (2006). "Linac-based radiosurgery or hypofractionated stereotactic radiotherapy in the treatment of large cerebral arteriovenous malformations." Int J Radiat Oncol Biol Phys 64(4): 1049-54.

Zabel-du Bois, A., S. Milker-Zabel, et al. (2006). "Pediatric cerebral arteriovenous malformations: the role of stereotactic linac-based radiosurgery." Int J Radiat Oncol Biol Phys 65(4): 1206-11.

Zadeh, G., Y. M. Andrade-Souza, et al. (2007). "Pediatric arteriovenous malformation: University of Toronto experience using stereotactic radiosurgery." Childs Nerv Syst 23(2): 195-9.