Variaciones de la terminación de la arteria basilar: frecuentes en la anatomía, pero con un significado clínico aún incierto

El estudio cuenta con la participación de investigadores de cuatro instituciones internacionales, entre ellas la Universitat Jaume I de Castellón (España), representada por el neuroanatomista Raúl Villar-Puchades, coautor del trabajo.

La presencia de un grupo español en esta colaboración internacional es particularmente relevante, ya que la neuroanatomía aplicada y la investigación morfológica continúan siendo áreas de gran tradición en nuestro país y constituyen una base indispensable para la neurocirugía vascular contemporánea.

Una revisión sistemática y metaanálisis sugiere que aproximadamente uno de cada siete individuos presenta un patrón no clásico de terminación de la arteria basilar. Sin embargo, la evidencia disponible todavía es insuficiente para atribuir a estas variantes un impacto clínico independiente.

La anatomía sigue importando en la circulación posterior

La cirugía y la terapéutica endovascular de la circulación posterior continúan siendo algunas de las áreas más complejas de la neurocirugía vascular. El abordaje de los aneurismas del vértice basilar, la trombectomía en la oclusión de la arteria basilar y la interpretación de la angiografía dependen, en gran medida, de un conocimiento preciso de la anatomía arterial.

En este contexto, el trabajo de Mathangasinghe y colaboradores, publicado en Surgical and Radiologic Anatomy, intenta responder una pregunta aparentemente sencilla, pero sorprendentemente poco estudiada: ¿con qué frecuencia la arteria basilar presenta patrones de terminación distintos de la bifurcación clásica?

Un metaanálisis de una literatura fragmentada

Los autores realizaron una revisión sistemática siguiendo las recomendaciones PRISMA:

  • 8.469 registros inicialmente identificados.
  • 31 estudios incluidos en el análisis cuantitativo.
  • Integración de estudios cadavéricos y radiológicos.
  • Metaanálisis de proporciones mediante modelos de efectos aleatorios.

Además, el artículo incorpora un caso anatómico ilustrativo de ausencia de bifurcación de la arteria basilar identificado durante una disección.

¿Qué encontraron?

La revisión muestra que la bifurcación clásica de la arteria basilar no es universal.

Las prevalencias agrupadas fueron:

  • Bifurcación clásica: 85,9%.
  • No bifurcación: 8,9%.
  • Trifurcación: 7,0%.
  • Cuadrifurcación: 5,3%.
  • Pentafurcación: 2,9%.
  • Hexafurcación: menos del 1%.

En conjunto, aproximadamente un 14% de la población presenta una variante anatómica de la terminación basilar.

Para el neurocirujano, el mensaje práctico es sencillo: las sorpresas anatómicas en la circulación posterior no son excepcionales y deben anticiparse antes de cualquier procedimiento.

¿Por qué es importante este estudio?

La relevancia del trabajo no radica en descubrir una nueva entidad patológica, sino en recordar que la anatomía de la circulación posterior es más variable de lo que habitualmente se asume.

Las variantes de terminación pueden modificar:

  • la exposición microquirúrgica del vértice basilar;
  • la relación entre las arterias perforantes y los aneurismas;
  • la estrategia de navegación endovascular;
  • la interpretación de estudios angiográficos complejos.

Sin embargo, la existencia de una variante anatómica no implica, por sí sola, una mayor predisposición a desarrollar enfermedad cerebrovascular.

Las limitaciones: más importantes que las cifras

Desde un punto de vista metodológico, el trabajo presenta varias debilidades que obligan a interpretar sus resultados con cautela.

1. Heterogeneidad extrema

Los intervalos de confianza observados son extraordinariamente amplios, reflejando diferencias importantes entre estudios:

  • distintas poblaciones;
  • diferentes técnicas de imagen;
  • metodologías anatómicas heterogéneas;
  • criterios variables para definir cada patrón de terminación.

En estas circunstancias, la precisión de las prevalencias agrupadas es necesariamente limitada.

2. Falta de una nomenclatura uniforme

La literatura anatómica no ha establecido definiciones universales para términos como:

  • no bifurcación;
  • trifurcación;
  • cuadrifurcación;
  • vasos accesorios.

Esta ausencia de estandarización constituye probablemente una de las principales limitaciones del estudio.

3. Sesgo de selección

Muchos estudios radiológicos incluyen pacientes sometidos a exploraciones vasculares por sospecha de enfermedad cerebrovascular, por lo que la frecuencia de las variantes podría estar sobreestimada respecto a la población general.

4. Ausencia de correlación clínica

El artículo sugiere que estas variantes son relevantes para la práctica clínica, pero no aporta evidencia que demuestre una asociación con:

  • formación de aneurismas;
  • riesgo de ictus;
  • complicaciones quirúrgicas;
  • resultados funcionales.

En consecuencia, las implicaciones clínicas siguen siendo, en gran medida, especulativas.

5. El caso ilustrativo aporta valor docente, no evidencia

La inclusión de un caso cadavérico singular tiene interés educativo, pero añade escaso peso científico a las conclusiones del metaanálisis.

6. Posible sesgo de publicación

Las variaciones anatómicas raras son especialmente susceptibles al sesgo de publicación, ya que los hallazgos inusuales tienen una mayor probabilidad de ser comunicados.

¿Debe cambiar nuestra práctica?

Probablemente no.

Este trabajo no justifica modificar estrategias terapéuticas ni considerar las variantes de terminación de la arteria basilar como factores de riesgo independientes.

Sí refuerza, en cambio, una recomendación clásica de la neurocirugía vascular: revisar meticulosamente la angiografía preoperatoria y asumir que la anatomía de la circulación posterior puede ser diferente de la esperada.

La lección para el neurocirujano

La principal contribución de este estudio es educativa.

Nos recuerda que:

  • aproximadamente uno de cada siete pacientes presenta una terminación basilar no clásica;
  • las variantes anatómicas son relativamente frecuentes;
  • la comprensión detallada de la anatomía sigue siendo un requisito indispensable para la cirugía y el intervencionismo de la circulación posterior.

Pero también pone de manifiesto una realidad incómoda: conocemos razonablemente bien la frecuencia de estas variantes, mientras que su verdadero significado clínico continúa siendo incierto.

Conclusión

La revisión sistemática de Mathangasinghe y colaboradores constituye un valioso catálogo anatómico y una llamada de atención para neurocirujanos y neurointervencionistas. Sin embargo, está lejos de demostrar que las variaciones de la terminación de la arteria basilar tengan consecuencias clínicas independientes.

En definitiva, se trata de un estudio que mejora nuestra comprensión de la anatomía, más que de un trabajo capaz de modificar la práctica clínica.

Nivel de evidencia: IV.

Mathangasinghe Y, Jayapala D, Narayan A, Wijayawardhana S, Villar-Puchades R, Mariajoseph F, Gonsalvez DG. Anatomic variations in basilar artery termination: a systematic review and meta-analysis with presentation of an illustrative case. Surg Radiol Anat. 2026 Jul 2;48(1):168. doi: 10.1007/s00276-026-03927-6. PMID: 42390637.

Sostenibilidad en neurorradiología: de la declaración de principios a la responsabilidad clínica

Análisis crítico del documento ASNR-ESNR White Paper on Sustainability in Neuroradiology (AJNR, 2026)

Referencia: Kadom N, Rovira A, Zamora C, et al. ASNR-ESNR White Paper on Sustainability in Neuroradiology. AJNR Am J Neuroradiol. 2026;47(7):1771-1775.


La sostenibilidad entra en la agenda de la neurorradiología

La publicación conjunta de la American Society of Neuroradiology (ASNR) y la European Society of Neuroradiology (ESNR) representa uno de los primeros intentos de abordar de forma sistemática el impacto ambiental de la neurorradiología. El documento parte de una premisa difícilmente discutible: la asistencia sanitaria es responsable de una parte relevante de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y las técnicas de imagen, especialmente la resonancia magnética, constituyen un componente importante de esta huella ecológica.

Sin embargo, más allá de la declaración de intenciones, el interés de este documento reside en una cuestión más profunda: ¿puede la sostenibilidad convertirse en un nuevo parámetro de calidad asistencial sin comprometer la seguridad diagnóstica y el resultado clínico de los pacientes?

Para la neurocirugía y la neurooncología, la pregunta es particularmente pertinente. La dependencia creciente de la imagen avanzada, la monitorización seriada y la medicina de precisión han incrementado exponencialmente el consumo de recursos diagnósticos. Introducir criterios de sostenibilidad obliga a replantear no solo cómo obtenemos las imágenes, sino también cuándo y por qué las solicitamos.


Participación española: un papel relevante en la elaboración del consenso

La participación española en este documento es significativa y merece ser destacada.

Entre los autores figura el profesor Antonio Rovira, referente internacional de la neurorradiología, perteneciente al:

  • Departamento de Radiología, Hospital Universitari Vall d’Hebron, Barcelona, España.

La presencia de Vall d’Hebron en un documento de consenso conjunto ASNR-ESNR subraya el peso de la neurorradiología española en los debates internacionales sobre innovación y sostenibilidad.

Aunque el artículo no incluye participación de servicios de neurocirugía españoles, sus recomendaciones tienen implicaciones directas para la práctica neuroquirúrgica, especialmente en:

  • neurooncología;
  • patología vascular;
  • seguimiento de enfermedades degenerativas;
  • monitorización postoperatoria.

Los principales mensajes del documento

El documento identifica cinco áreas prioritarias de intervención.

1. Uso racional de contrastes

Los autores proponen:

  • reducción de dosis;
  • indicaciones más restrictivas;
  • exploración de alternativas a los agentes actuales.

La preocupación es doble:

  1. impacto medioambiental;
  2. acumulación y eliminación de gadolinio y otros compuestos.

No se trata únicamente de una cuestión ecológica, sino también de seguridad del paciente.


2. Reducción de residuos

Se adopta el modelo de las 6 R:

  • Refuse
  • Reduce
  • Reuse
  • Refurbish
  • Rebuild
  • Recycle

El documento llama la atención sobre un problema poco estudiado en neuroimagen: la enorme cantidad de material de un solo uso asociado a la actividad radiológica diaria.


3. Apropiación de las pruebas de imagen

Probablemente éste sea el punto de mayor interés para los neurocirujanos.

Los autores defienden que solicitar una prueba innecesaria constituye:

  • un problema clínico,
  • un problema económico,
  • y también un problema medioambiental.

La adecuación de la indicación se convierte así en una responsabilidad ecológica.


4. Consumo energético de la resonancia magnética

La resonancia magnética es uno de los procedimientos diagnósticos más intensivos en consumo energético.

El documento propone:

  • modos de espera;
  • optimización de protocolos;
  • secuencias más eficientes;
  • utilización de inteligencia artificial.

La cuestión es particularmente relevante en centros de alta complejidad con gran carga de estudios neurooncológicos y de seguimiento.


5. Movilidad y actividad profesional

El artículo plantea reducir:

  • desplazamientos;
  • reuniones presenciales innecesarias;
  • emisiones derivadas de congresos y actividades académicas.

La pandemia demostró que muchas actividades científicas pueden desarrollarse con modelos híbridos sin pérdida significativa de calidad.


¿Por qué este documento es importante para la neurocirugía?

La sostenibilidad todavía se percibe como un asunto periférico dentro de la neurocirugía. Sin embargo, la especialidad depende cada vez más de tecnologías de alto consumo energético:

  • resonancia magnética intraoperatoria;
  • neuronavegación;
  • monitorización avanzada;
  • imagen funcional;
  • seguimiento radiológico prolongado.

La pregunta que plantea este documento es incómoda pero necesaria:

¿Puede la neurocirugía de precisión mantenerse indefinidamente con un modelo de consumo de recursos ilimitado?

La respuesta probablemente sea negativa.

La sostenibilidad acabará incorporándose a los indicadores de calidad asistencial de la misma forma que lo hicieron anteriormente:

  • la seguridad;
  • la eficiencia;
  • los resultados funcionales.

Fortalezas del documento

Consenso internacional

La colaboración ASNR-ESNR proporciona legitimidad y visibilidad al problema.

Enfoque multidimensional

No se limita al consumo energético y aborda:

  • contrastes;
  • residuos;
  • organización;
  • movilidad;
  • cambios culturales.

Introducción de un nuevo paradigma

La idea de «Image Greenly» puede ayudar a incorporar la sostenibilidad a la práctica clínica cotidiana.


Debilidades y limitaciones

Escasez de evidencia cuantitativa

El documento es esencialmente un consenso de expertos.

Existen muy pocos datos sólidos sobre:

  • reducción real de emisiones;
  • coste-efectividad;
  • impacto clínico.

Muchas recomendaciones son plausibles, pero todavía carecen de validación empírica.


Ausencia de métricas estandarizadas

No se ofrecen indicadores concretos para medir:

  • huella de carbono;
  • ahorro energético;
  • resultados de las intervenciones.

Sin métricas, la implementación puede quedarse en un ejercicio declarativo.


Riesgo de simplificación excesiva

Reducir exploraciones de imagen es deseable cuando son innecesarias, pero existe el peligro de trasladar mensajes ambiguos que puedan interpretarse como una invitación a restringir estudios clínicamente indicados.

En neurooncología y neurocirugía:

  • una resonancia adicional puede modificar una decisión terapéutica;
  • un retraso diagnóstico puede tener consecuencias graves.

La sostenibilidad no puede convertirse en un argumento para la infrautilización de recursos necesarios.


Ausencia de análisis económico

El documento asume que muchas medidas serán beneficiosas económicamente, pero no presenta datos robustos que lo demuestren.

La transición ecológica de los servicios de imagen probablemente requerirá:

  • inversiones;
  • renovación tecnológica;
  • reorganización de procesos.

Lo que el documento no aborda

Quedan numerosas preguntas abiertas:

  • ¿Cuál es la huella de carbono de una resonancia cerebral?
  • ¿Cuál es el coste ambiental del seguimiento prolongado de los pacientes neurooncológicos?
  • ¿Cómo deben modificarse los protocolos de vigilancia?
  • ¿Qué impacto tendría la inteligencia artificial sobre el consumo energético global?

Por el momento, las respuestas son escasas.


Perspectiva desde la neurocirugía

La sostenibilidad sanitaria probablemente será uno de los grandes debates de la próxima década. Este documento tiene el mérito de situar la neurorradiología dentro de esa conversación.

Sin embargo, todavía estamos ante un marco conceptual más que ante una guía práctica basada en evidencia.

Para los neurocirujanos, la principal enseñanza quizá sea otra:

cada estudio de imagen debe tener un propósito clínico claro, porque la utilización responsable de los recursos forma parte de la calidad asistencial.

Pero esa responsabilidad nunca debe anteponerse al principio fundamental de nuestra práctica:

proporcionar al paciente la mejor atención posible basada en la evidencia disponible.

La sostenibilidad es una obligación emergente. La seguridad del paciente continúa siendo una obligación irrenunciable.

Meduloblastoma SHH del lactante: ¿podemos evitar la radioterapia sin comprometer la supervivencia?

Extracto

Un estudio multinacional publicado en EClinicalMedicine analiza 267 casos de meduloblastoma SHH del lactante y sugiere que determinadas estrategias de quimioterapia intensiva podrían ofrecer resultados oncológicos comparables a la irradiación craneoespinal. Sin embargo, las limitaciones metodológicas y la ausencia de datos funcionales obligan a interpretar los hallazgos con prudencia.


Un estudio internacional de referencia en una enfermedad poco frecuente

El meduloblastoma del lactante continúa siendo uno de los mayores desafíos de la neurooncología pediátrica. La necesidad de alcanzar la curación evitando al mismo tiempo las graves secuelas neurocognitivas de la irradiación craneoespinal ha impulsado durante las últimas dos décadas múltiples estrategias terapéuticas de intensificación quimioterápica.

En este contexto, el trabajo publicado por Richardson y colaboradores en EClinicalMedicine constituye uno de los análisis más extensos realizados hasta la fecha sobre el meduloblastoma SHH del lactante (iMB-SHH). La investigación reúne datos de 267 pacientes procedentes de nueve países y analiza la relación entre tratamiento inicial, biomarcadores y supervivencia libre de progresión.

Más que aportar una respuesta definitiva, el estudio pone de manifiesto una realidad cada vez más evidente: en el meduloblastoma pediátrico, el significado pronóstico de la biología tumoral depende en gran medida del tratamiento administrado.


Participación española: una contribución relevante en la investigación colaborativa

España aporta una de las cohortes nacionales más numerosas del estudio, con 33 pacientes incluidos.

La participación española estuvo liderada por:

  • Unidad de Hematología y Oncología Pediátrica, Hospital Universitario Cruces, Instituto de Investigación Sanitaria Biobizkaia (Barakaldo).
  • Departamento de Genética, Antropología Física y Fisiología Animal, Instituto de Investigación Sanitaria Biobizkaia y Universidad del País Vasco (UPV/EHU, Leioa).

En una enfermedad de muy baja incidencia, la capacidad de contribuir a grandes consorcios internacionales tiene un valor científico considerable. La generación de evidencia robusta en neurooncología pediátrica depende precisamente de este tipo de colaboraciones multicéntricas.


Los principales hallazgos clínicos

¿Es posible evitar la irradiación craneoespinal?

La observación más llamativa del estudio es que dos estrategias de quimioterapia intensiva:

  • los protocolos con metotrexato intraventricular;
  • los regímenes de altas dosis con rescate de progenitores hematopoyéticos,

obtuvieron supervivencias libres de progresión a cinco años cercanas al 73 %, cifras comparables a las observadas con irradiación craneoespinal inicial.

Por el contrario, los regímenes de quimioterapia convencional mostraron resultados significativamente inferiores.

Aunque estos datos apoyan las estrategias de evitación de la radioterapia en determinados pacientes, el estudio no demuestra superioridad ni equivalencia terapéutica en sentido estricto, dado su carácter retrospectivo.


Hallazgos moleculares: el mismo biomarcador no significa lo mismo en todos los pacientes

El trabajo aporta otro mensaje de gran interés: los biomarcadores pronósticos son dependientes del contexto terapéutico.

Entre los hallazgos más relevantes destacan:

  • el comportamiento diferencial de los subgrupos SHH-1, SHH-2 y SHH-3;
  • el peor pronóstico asociado a determinadas histologías no desmoplásicas;
  • la influencia variable de la enfermedad metastásica según el tratamiento recibido;
  • la escasa aplicabilidad en el lactante de algunos marcadores de alto riesgo bien establecidos en niños mayores, como la mutación de TP53 o la amplificación de MYCN.

La conclusión es relevante: la estratificación molecular del meduloblastoma no puede interpretarse de forma aislada, sino integrada con la estrategia terapéutica.


¿Por qué este estudio importa para la neurocirugía?

Aunque el tratamiento sistémico es el eje del trabajo, sus implicaciones para la neurocirugía son importantes.

Primero, confirma que la clasificación molecular basada en perfiles de metilación se ha convertido en una herramienta indispensable para la toma de decisiones terapéuticas.

Segundo, refuerza la necesidad de que los neurocirujanos pediátricos participen activamente en los circuitos de diagnóstico molecular y en las redes internacionales de investigación.

Finalmente, recuerda que el éxito quirúrgico ya no puede medirse únicamente por la resección tumoral o la supervivencia. En los tumores cerebrales infantiles, la preservación funcional y neurocognitiva es una variable de resultado de primer orden.


Fortalezas metodológicas

El estudio posee varias fortalezas evidentes:

  • una de las mayores cohortes de iMB-SHH publicadas;
  • clasificación molecular homogénea mediante arrays de metilación;
  • análisis de pacientes tratados en condiciones de práctica clínica real;
  • validación externa de algunos hallazgos en cohortes históricas.

En enfermedades raras, este tipo de estudios proporciona información que difícilmente podría obtenerse mediante ensayos aleatorizados.


Las limitaciones que impiden conclusiones definitivas

1. Diseño retrospectivo

La ausencia de aleatorización introduce inevitables sesgos de selección. Los pacientes tratados con diferentes protocolos probablemente presentaban características clínicas y biológicas distintas desde el inicio.

2. Heterogeneidad terapéutica

Las categorías terapéuticas agrupan protocolos administrados durante décadas y en sistemas sanitarios diferentes, con variaciones importantes en intensidad de tratamiento, indicaciones de radioterapia y estrategias de rescate.

3. Subgrupos de tamaño reducido

Muchas de las conclusiones biomoleculares se basan en grupos pequeños, lo que obliga a considerar sus resultados como exploratorios.

4. Escasez de información sobre las recaídas

Los patrones de recurrencia y los tratamientos de rescate solo estuvieron disponibles en una minoría de los pacientes.

5. Ausencia de datos funcionales y de calidad de vida

Paradójicamente, el principal argumento para evitar la irradiación es reducir las secuelas tardías, pero el estudio carece de información sistemática sobre:

  • función neurocognitiva;
  • calidad de vida;
  • resultados endocrinológicos;
  • integración escolar;
  • independencia funcional.

Esta limitación reduce la capacidad de responder a la pregunta que probablemente más interesa a las familias y a los clínicos: no solo cuánto sobreviven estos niños, sino cómo sobreviven.


Reflexión editorial

Este trabajo probablemente influirá en el diseño de futuros ensayos clínicos y consolida la idea de que algunos lactantes con meduloblastoma SHH pueden evitar la irradiación craneoespinal sin un deterioro evidente de los resultados oncológicos.

Sin embargo, el estudio también evidencia los límites de la medicina de precisión basada exclusivamente en biomarcadores y supervivencia.

La próxima frontera de la neurooncología pediátrica no será únicamente aumentar algunos puntos porcentuales la supervivencia libre de progresión, sino identificar qué estrategia terapéutica permite alcanzar la curación con la menor carga posible de discapacidad neurológica, endocrina y cognitiva.

Hasta disponer de esa información, cualquier estrategia de desescalada o intensificación debe interpretarse con prudencia y dentro de un proceso de toma de decisiones compartida, sustentado en la mejor evidencia disponible y en las prioridades de cada paciente y su familia.


Referencia

Richardson S, Hicks D, Gough M, et al. Therapy and biomarker dependent progression-free survival in infant sonic hedgehog medulloblastoma: a multi-national retrospective cohort study. EClinicalMedicine. 2026;96:103913.

Biomarcadores sanguíneos en el traumatismo craneoencefálico leve: ¿estamos preparados para reducir las TAC?

Lagares A, Maldonado M, Baciu A, Tosi L, Loynaz C, Martinez S, Castaño León AM, Hernández-Sánchez J, García Barrio N, de la Cruz J, Sánchez S, Lopez Jiménez A, Cueto-Felgueroso C, Carrasco L, Marquez E, María Fernández Del Pozo A, Amil C, Arias A, Mejan O. Study protocol for investigating real-world implementation of a combined glial fibrillary acidic protein (GFAP) and ubiquitin carboxy-terminal hydrolase L1 (UCH-L1) blood test in the management of adult mild traumatic brain injury in a single-centre European emergency department: the IMPACTS-BRAINI study. BMJ Open. 2026 Jun 18;16(6):e120021. doi: 10.1136/bmjopen-2026-120021. PMID: 42315262.

Los biomarcadores sanguíneos están cada vez más cerca de incorporarse a la práctica clínica habitual en el manejo del traumatismo craneoencefálico (TCE) leve. Un nuevo protocolo de investigación publicado en BMJ Open por Lagares y colaboradores evaluará por primera vez la implementación real de la combinación de GFAP (glial fibrillary acidic protein) y UCH-L1 (ubiquitin carboxy-terminal hydrolase L1) en un servicio de urgencias europeo.

Del laboratorio a la práctica clínica

Diversos estudios han demostrado que la combinación de GFAP y UCH-L1 posee una elevada capacidad para descartar lesiones intracraneales detectables mediante tomografía computarizada (TAC) en pacientes con TCE leve, especialmente cuando la determinación se realiza dentro de las primeras 12 horas tras el traumatismo.

Sin embargo, la mayoría de las investigaciones disponibles se han desarrollado en entornos controlados y todavía existen escasos datos sobre su rendimiento en la práctica clínica diaria.

El estudio IMPACTS-BRAINI

El estudio IMPACTS-BRAINI se llevará a cabo en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid y analizará de forma prospectiva a 1.000 pacientes con traumatismo craneoencefálico leve.

Los investigadores implementarán un nuevo algoritmo asistencial en el que la solicitud de TAC estará guiada, entre otros factores, por los niveles séricos de GFAP y UCH-L1 obtenidos antes de la realización de pruebas de imagen.

Los resultados se compararán con una cohorte histórica de pacientes manejados previamente siguiendo criterios convencionales.

Los objetivos principales incluyen:

  • Evaluar la precisión diagnóstica de GFAP y UCH-L1 para identificar lesiones intracraneales visibles en TAC.
  • Analizar la seguridad del nuevo protocolo asistencial.
  • Determinar si el empleo de biomarcadores reduce el número de TAC realizadas.

Entre los objetivos secundarios destacan:

  • Reducción del tiempo de estancia en urgencias.
  • Disminución de costes sanitarios.
  • Grado de adherencia de los médicos al algoritmo propuesto.

¿Por qué es importante?

El TCE leve representa uno de los motivos de consulta más frecuentes en los servicios de urgencias. Aunque la mayoría de los pacientes no presentan lesiones intracraneales relevantes, un gran número son sometidos a estudios de neuroimagen.

Una herramienta capaz de identificar de forma segura a aquellos pacientes con un riesgo extremadamente bajo de lesión cerebral podría:

  • Disminuir la exposición innecesaria a radiación.
  • Reducir la saturación de los servicios de urgencias.
  • Optimizar los recursos sanitarios.
  • Mejorar la eficiencia asistencial.

Interpretación crítica

Aunque el estudio aborda una cuestión clínica de enorme relevancia, su diseño presenta limitaciones importantes. Se trata de un estudio observacional, unicéntrico y basado en la comparación con controles históricos, circunstancias que pueden introducir sesgos significativos.

Además, la verdadera prueba de estos biomarcadores no será únicamente demostrar una elevada sensibilidad diagnóstica, sino conseguir que los clínicos modifiquen realmente su comportamiento y eviten solicitar TAC cuando el resultado del biomarcador sea negativo.

Conclusión

La investigación IMPACTS-BRAINI representa un paso necesario hacia la implementación real de los biomarcadores sanguíneos en el manejo del TCE leve. Si confirma que el uso de GFAP y UCH-L1 permite reducir de forma segura el número de TAC y los tiempos de estancia en urgencias, podríamos encontrarnos ante un cambio relevante en los algoritmos diagnósticos del traumatismo craneoencefálico leve.

No obstante, serán necesarios estudios multicéntricos y, preferiblemente, ensayos aleatorizados para confirmar definitivamente su impacto clínico.

Neurocirugía traslacional en malformaciones arteriovenosas cerebrales: análisis crítico de una propuesta terapéutica basada en indometacina

La investigación traslacional es uno de esos conceptos que aparecen con frecuencia en congresos, artículos científicos y proyectos de investigación. Sin embargo, pocas veces puede seguirse con claridad el recorrido completo desde un problema observado en el quirófano hasta el desarrollo de una posible solución experimental. Precisamente eso es lo que presentó recientemente el neurocirujano Gregorio Rodríguez-Boto en una conferencia dedicada a la neurocirugía traslacional.

La charla se centró en uno de los problemas más complejos de la neurocirugía vascular: las malformaciones arteriovenosas (MAV) cerebrales y, en particular, las complicaciones que pueden aparecer tras su tratamiento.

Cuando la curación puede generar un nuevo problema

Las MAV cerebrales son conexiones anómalas entre arterias y venas que alteran profundamente la circulación cerebral. Su tratamiento suele requerir estrategias combinadas que incluyen embolización endovascular y cirugía microquirúrgica.

Aunque la extirpación completa de la lesión puede considerarse un éxito técnico, en algunos pacientes aparece una complicación potencialmente devastadora: el denominado síndrome de restablecimiento de la presión de perfusión cerebral normal o normal perfusion pressure breakthrough (NPPB).

De forma simplificada, el cerebro que durante años ha vivido adaptado a una circulación anómala puede no tolerar adecuadamente el retorno brusco a una situación hemodinámica normal. El resultado puede ser edema cerebral, hiperemia o incluso hemorragias postoperatorias graves.

Comprender por qué ocurre este fenómeno sigue siendo uno de los grandes desafíos de la neurocirugía vascular.

Del quirófano al laboratorio

Uno de los aspectos más interesantes de la conferencia fue precisamente el camino recorrido desde la observación clínica hasta la investigación experimental.

La experiencia presentada se basó en una serie de 13 pacientes tratados mediante embolización con Onyx seguida de resección microquirúrgica. A partir de las complicaciones observadas en algunos casos, el grupo desarrolló un modelo experimental en rata destinado a reproducir situaciones de hipoperfusión crónica seguidas de reperfusión.

Este planteamiento representa una de las esencias de la medicina traslacional: intentar comprender en el laboratorio lo que se observa junto al paciente.

En una época en la que gran parte de la literatura neuroquirúrgica se basa en revisiones retrospectivas y análisis estadísticos, resulta estimulante encontrar proyectos que intentan explorar mecanismos fisiopatológicos concretos.

La indometacina como posible estrategia neuroprotectora

La parte más novedosa de la exposición fue la utilización de indometacina en este modelo experimental.

La indometacina es un fármaco conocido desde hace décadas, utilizado en diferentes contextos clínicos y especialmente familiar para neonatólogos y pediatras. Según los resultados presentados, el tratamiento consiguió reducir alteraciones hemodinámicas, disminuir la rotura de la barrera hematoencefálica y reducir lesiones isquémicas en el modelo animal.

Sobre el papel, los hallazgos son prometedores.

Pero aquí es donde conviene introducir una dosis saludable de prudencia.

Lo que sabemos… y lo que todavía no sabemos

La historia de la neurociencia está llena de tratamientos que funcionaron de forma brillante en animales y que posteriormente fracasaron cuando se evaluaron en seres humanos.

El problema no es la calidad de los modelos experimentales, sino la enorme complejidad del cerebro humano.

Una rata no desarrolla durante décadas una malformación arteriovenosa compleja. No presenta la misma arquitectura vascular, ni la misma respuesta inflamatoria, ni las mismas alteraciones endoteliales que observamos en nuestros pacientes.

Por ello, demostrar un efecto beneficioso en un modelo experimental constituye un primer paso importante, pero está muy lejos de representar una validación clínica.

¿Explica realmente el NPPB todas las complicaciones?

Otro aspecto que merece reflexión es el propio concepto de NPPB.

Durante muchos años se ha considerado una explicación razonable para las hemorragias que aparecen tras la resección de algunas MAV. Sin embargo, actualmente sabemos que la situación probablemente sea más compleja.

La congestión venosa residual, las alteraciones microvasculares, la inflamación, la disfunción endotelial o incluso fenómenos trombóticos pueden participar simultáneamente en estos pacientes.

Es posible que el modelo experimental reproduzca una parte importante del problema, pero probablemente no todo el problema.

Y esa diferencia es fundamental cuando intentamos trasladar resultados experimentales a la práctica clínica.

Una línea de investigación que merece seguimiento

Pese a estas limitaciones, la investigación presentada tiene un mérito evidente.

Parte de una observación clínica relevante.

Plantea una hipótesis fisiopatológica concreta.

Desarrolla un modelo experimental propio.

Y propone una intervención terapéutica potencialmente aplicable.

Ese recorrido completo sigue siendo relativamente poco frecuente en neurocirugía.

La cuestión ahora no es si la indometacina funciona en una rata. La verdadera pregunta es si algún día demostrará beneficio en pacientes con malformaciones arteriovenosas cerebrales complejas.

Para responderla serán necesarios estudios de seguridad, análisis farmacológicos y ensayos clínicos bien diseñados.

Nuestra valoración

La conferencia constituye un buen ejemplo de investigación traslacional aplicada a la neurocirugía vascular y demuestra cómo una pregunta nacida en el quirófano puede generar nuevas líneas de investigación básica.

Sin embargo, la evidencia disponible continúa siendo esencialmente preclínica. Los resultados son interesantes y generan hipótesis valiosas, pero todavía no justifican cambios en la práctica clínica habitual.

Como ocurre con frecuencia en neurocirugía, el reto no está en obtener resultados prometedores en el laboratorio, sino en demostrar que esos resultados siguen siendo válidos cuando se enfrentan a la complejidad del paciente real.

Y precisamente ahí comienza el verdadero examen de cualquier investigación traslacional.

Centro Médico Teknon, Barcelona participa en el consenso internacional sobre hernia discal lumbar recurrente

Un estudio con 510 especialistas de todo el mundo propone una definición común para una de las complicaciones más frecuentes de la cirugía lumbar

La hernia discal lumbar recurrente sigue siendo uno de los problemas más debatidos en cirugía de columna. A pesar de décadas de investigación, los estudios científicos continúan utilizando definiciones diferentes para describir una misma situación clínica, dificultando la comparación de resultados y la interpretación de la evidencia disponible.

Con el objetivo de reducir esta variabilidad, un grupo internacional de especialistas ha publicado en Global Spine Journal el estudio «Defining Recurrent Lumbar Disc Herniation (RLDH): An International Survey Study», una encuesta global que reunió a 510 expertos en cirugía de columna de múltiples continentes.

Entre los autores figura Christian Morgenstern, del Morgenstern Institute of Spine, Centro Médico Teknon (Barcelona, España), que representa la participación española en este proyecto internacional.

Un problema frecuente pero mal definido

La recurrencia de una hernia discal lumbar constituye una de las causas más habituales de reintervención tras una discectomía.

Sin embargo, la literatura científica presenta una notable heterogeneidad. Algunos estudios consideran recurrencia cualquier nueva hernia en el mismo nivel vertebral, mientras que otros exigen un período mínimo libre de síntomas o criterios radiológicos específicos.

Esta falta de uniformidad ha dificultado durante años la comparación entre series clínicas, revisiones sistemáticas y metaanálisis.

¿Qué acordaron los expertos?

La encuesta encontró un amplio acuerdo para definir la hernia discal lumbar recurrente como:

  • Una nueva hernia discal.
  • En el mismo nivel vertebral que la cirugía inicial.
  • En el mismo lado que la hernia original.
  • Tras un intervalo libre de dolor o síntomas.
  • Confirmada mediante resonancia magnética.
  • Diferenciada claramente de la fibrosis o cicatriz postoperatoria.

La resonancia magnética fue considerada imprescindible por el 96,7% de los participantes, mientras que el 87% destacó la necesidad de distinguir la recurrencia verdadera de los cambios cicatriciales postquirúrgicos.

Lo que sigue siendo controvertido

No todos los aspectos generaron consenso.

El estudio no logró establecer cuánto debe durar el período libre de síntomas para considerar que existe una verdadera recurrencia. Tampoco desaparece la controversia sobre la exigencia de que la nueva hernia aparezca en el mismo lado de la intervención inicial.

Muchos especialistas consideran que una hernia contralateral en el mismo nivel también podría representar una recurrencia clínica relevante.

Diferencias entre regiones del mundo

Además de la definición, la encuesta exploró las preferencias quirúrgicas internacionales.

Los resultados mostraron diferencias significativas:

  • Los cirujanos europeos continúan favoreciendo la microdiscectomía abierta convencional.
  • En Norteamérica existe una mayor preferencia por la microdiscectomía tubular.
  • Los especialistas asiáticos utilizan con mayor frecuencia técnicas endoscópicas.

Estas diferencias parecen reflejar tradiciones formativas, disponibilidad tecnológica y patrones regionales de práctica más que una superioridad demostrada de una técnica sobre otra.

La aportación española

La participación de Christian Morgenstern, vinculado al Morgenstern Institute of Spine y al Centro Médico Teknon de Barcelona, sitúa a España dentro de uno de los mayores ejercicios internacionales recientes destinados a estandarizar la investigación en cirugía lumbar.

Aunque el trabajo no modifica directamente la práctica clínica, sí puede influir en la forma en que futuros estudios describan y clasifiquen la recurrencia discal, facilitando la comparación entre investigaciones realizadas en distintos países y sistemas sanitarios.

Una valoración crítica

El principal valor del estudio radica en la amplitud de la participación internacional. Reunir la opinión de 510 especialistas proporciona una visión global poco habitual en este campo.

Sin embargo, es importante recordar que se trata de un estudio basado en opinión de expertos y no en validación clínica.

La investigación no demuestra que la definición propuesta prediga mejor los resultados funcionales, las tasas de reintervención o la evolución radiológica de los pacientes. Tampoco establece que los criterios consensuados sean biológicamente correctos.

En otras palabras, el estudio identifica aquello sobre lo que los expertos están de acuerdo, pero no demuestra necesariamente que dicho acuerdo represente la definición más válida desde el punto de vista científico.

Conclusión

El trabajo publicado en Global Spine Journal constituye un importante esfuerzo internacional para homogeneizar el lenguaje utilizado en la investigación sobre hernia discal lumbar recurrente.

La participación de Christian Morgenstern (Centro Médico Teknon, Barcelona) refleja la presencia española en iniciativas internacionales de cirugía de columna y contribuye a un debate que probablemente continuará evolucionando a medida que se disponga de estudios capaces de validar estas definiciones mediante resultados clínicos objetivos.

Referencia

Harhangi JS, Boeykens A, Dos Santos Rubio EJ, Morgenstern C, Burkhardt BW, Datar G, Lewandrowski KU, Harhangi BS.Defining Recurrent Lumbar Disc Herniation (RLDH): An International Survey Study.Global Spine Journal. Publicado online el 17 de junio de 2026.PMID: 42305073 DOI: 10.1177/21925682261458872

Neurocirugía española: el fascinante arte de contemplar protrusiones discales

Después de más de una década de formación, miles de horas de quirófano, entrenamiento microscópico, manejo de tumores cerebrales, cirugía vascular compleja y procedimientos técnicamente extraordinarios, el sistema sanitario ha encontrado para ellos una misión histórica acorde con semejante preparación:

Revisar resonancias lumbares.

Muchas resonancias lumbares.

Incontables resonancias lumbares.

Una cantidad de resonancias lumbares que probablemente sería visible desde la Estación Espacial Internacional.

La teoría es sencilla.

Un ciudadano cumple cincuenta años.

La columna envejece.

Se realiza una resonancia.

La resonancia informa:

«Discopatía degenerativa.»

«Espondiloartrosis.»

«Protrusión discal.»

«Pequeño conflicto radicular que podría o no podría existir dependiendo de la posición de Saturno respecto a Júpiter.»

Inmediatamente se activa el protocolo nacional no escrito.

Derivar a Neurocirugía.

Y así comienza el viaje.

Un viaje extraordinario.

Un viaje que puede incluir resonancias, electromiogramas, potenciales evocados, consultas sucesivas, rehabilitación pendiente, unidad del dolor pendiente, nuevas resonancias y, ocasionalmente, una segunda resonancia para confirmar lo que ya decía la primera resonancia.

A saber:

Que el paciente tiene la misma edad que figura en su documento nacional de identidad.

Mientras tanto, el neurocirujano observa.

Observa miles de discos.

Miles.

L4-L5.

L5-S1.

L4-L5.

L5-S1.

A veces aparece un L3-L4 para romper la monotonía y mantener viva la ilusión de diversidad biológica.

En algún momento de la carrera profesional se alcanza un estado superior de consciencia.

El especialista ya no necesita mirar la resonancia.

Puede verla mentalmente.

Un paciente entra por la puerta.

Tiene más de sesenta años.

Refiere dolor lumbar.

El neurocirujano cierra los ojos.

Visualiza una protrusión L4-L5.

Abre los ojos.

Y acierta.

La precisión diagnóstica roza lo paranormal.

Naturalmente, no toda la culpa es de los pacientes.

Los pacientes hacen exactamente lo que deben hacer.

Les duele algo.

Buscan ayuda.

El verdadero milagro administrativo consiste en haber construido un sistema donde prácticamente cualquier problema musculoesquelético acaba orbitando alrededor de una consulta de Neurocirugía.

La columna vertebral se ha convertido en el agujero negro del sistema sanitario.

Todo acaba cayendo dentro.

Rehabilitación saturada.

Dentro.

Unidad del Dolor saturada.

Dentro.

Neurología saturada.

Dentro.

Traumatología saturada.

Dentro.

Atención Primaria sin recursos.

También dentro.

La Neurocirugía recibe entonces una misión imposible:

Resolver problemas cuya solución depende de servicios que tampoco tienen capacidad para resolverlos.

Es una obra maestra organizativa.

Sería admirada en las mejores escuelas de administración pública si no afectara a personas reales.

Mientras tanto, los tumores cerebrales esperan pacientemente su turno para recordar a todo el mundo que la Neurocirugía existe.

Aparece un meningioma.

Todos respiran aliviados.

Por fin algo neuroquirúrgico.

Dura unos minutos.

Después entra otra protrusión.

En ocasiones surge una hidrocefalia.

Una mielopatía cervical.

Un schwannoma.

La consulta recupera fugazmente su identidad.

Pero enseguida vuelve la realidad.

Otra protrusión.

Otra estenosis.

Otro dolor lumbar de diez años de evolución.

Otro paciente pendiente de rehabilitación desde una época histórica que los arqueólogos aún están intentando datar.

Los responsables sanitarios suelen preguntarse por qué existen listas de espera.

La respuesta quizá sea menos misteriosa de lo que parece.

Si uno decidiera utilizar pilotos de Fórmula 1 para repartir pizzas, probablemente también aparecerían retrasos.

Y si además obligara a los pilotos a cultivar el trigo, fabricar el queso y construir el horno, los retrasos serían todavía mayores.

Eso es aproximadamente lo que ocurre cuando un sistema emplea especialistas entrenados para realizar cirugía cerebral compleja como gestores universales de la degeneración vertebral asociada al envejecimiento humano.

La consecuencia final es profundamente española.

El ciudadano cree que va a ver a un neurocirujano.

El neurocirujano cree que va a ejercer la Neurocirugía.

El sistema cree que ambos problemas están resueltos porque existe una cita en la agenda.

Y todos salen razonablemente insatisfechos.

Excepto las protrusiones discales.

Las protrusiones discales viven una auténtica edad de oro.

Probablemente nunca han tenido tanta influencia sobre la organización de un sistema sanitario nacional.

Si algún día desarrollan conciencia política, podrían gobernar el país.

Cuando la experiencia se convierte en evidencia

Hajikarimloo B, Tos SM, Ferguson R, Mantziaris G, Shinya Y, Chan JW, Sneed PK, McDermott MW, Seymour ZA, Grills I, Nabeel AM, Reda WA, Tawadros SR, Abdelkarim K, El-Shehaby AMN, Emad RM, Bin-Alamer O, Lunsford LD, Niranjan A, Peker S, Samanci Y, Lee CC, Yang HC, Sheehan D, Sheehan K, Liscak R, Chytka T, Alzate J, Kondziolka D, Meng Y, Martinez Moreno N, Martinez Álvarez R, Hallan DR, Fritch C, Jareczek FJ, Sciscent BY, Mathieu D, Carrier L, Abdelsalam A, Starke RM, Benjamin C, Almeida T, Pratap Singh S, Tripathi M, Speckter H, Lazo E, Chen CJ, Esquenazi Y, Becerril-Gaitan A, Amsbaugh MJ, Blanco AI, Upadhyay R, Palmer JD, Franzini A, Picozzi P, Alberto Andrea Lanterna L, Bowden GN, Peterson JL, Warnick RE, Chiang VL, Pikis S, Sheehan JP. Volume-Staged Stereotactic Radiosurgery in Pediatric Patients With Large Brain Arteriovenous Malformations: An International, Multicenter Study. Neurosurgery. 2026 Jun 18. doi: 10.1227/neu.0000000000004136. Epub ahead of print. PMID: 42300133.

Uno de los mayores desafíos de la neurocirugía vascular no es tratar las lesiones frecuentes. Es encontrar respuestas para aquellas patologías que apenas vemos unas pocas veces a lo largo de nuestra carrera.

Las malformaciones arteriovenosas cerebrales gigantes en edad pediátrica pertenecen a ese grupo. Son lesiones raras, complejas y potencialmente devastadoras. Su historia natural puede acompañar al paciente durante décadas. Su tratamiento exige decisiones difíciles, porque con frecuencia ninguna opción ofrece una solución perfecta.

Por eso tienen un valor especial los estudios internacionales multicéntricos. No son simplemente publicaciones científicas. Son el reflejo de la experiencia acumulada de algunos de los centros más prestigiosos del mundo enfrentándose al mismo problema clínico.

El reciente estudio publicado en Neurosurgery sobre radiocirugía estereotáxica por etapas en MAV pediátricas de gran volumen representa exactamente eso. Más de cien pacientes tratados en veintiún centros internacionales han permitido generar una de las series más importantes publicadas hasta la fecha en este escenario clínico extraordinariamente infrecuente.

Pero para la neurocirugía española existe además un motivo adicional de satisfacción.

Entre los autores figuran la Dra. Nuria Martínez Moreno y el Dr. Roberto Martínez Álvarez, de la Unidad de Radiocirugía del Hospital Ruber Internacional de Madrid, único centro español participante en esta colaboración internacional.

La presencia española junto a grupos históricos como Pittsburgh, Virginia, UCSF, Yale, NYU, Miami o Taipei no es una cuestión protocolaria ni decorativa. En estudios de estas características cada centro aporta casos, experiencia clínica, seguimiento y capacidad científica. La inclusión de una unidad en un proyecto de este nivel refleja reconocimiento internacional y participación activa en la generación de conocimiento neuroquirúrgico.

Para el neurocirujano, el mensaje principal del trabajo es especialmente relevante.

Las MAV pediátricas grandes continúan siendo una de las fronteras más difíciles de nuestra especialidad. La microcirugía puede ofrecer curación inmediata, pero no siempre es técnicamente razonable. La embolización raramente constituye una solución definitiva por sí sola. La radiocirugía convencional encuentra limitaciones físicas cuando el volumen del nido aumenta.

La radiocirugía por etapas surge precisamente en ese espacio terapéutico donde las decisiones deben individualizarse y donde el juicio clínico resulta tan importante como la técnica.

El estudio no pretende proclamar vencedores entre cirugía, embolización o radiocirugía. Su valor reside en demostrar que, cuando la curación quirúrgica no es prudente o factible, la radiocirugía escalonada puede ofrecer tasas aceptables de obliteración con una toxicidad razonable en pacientes que históricamente han representado algunos de los casos más difíciles de tratar.

Existe además una lección más profunda.

La neurocirugía contemporánea ya no avanza únicamente a través de figuras individuales excepcionales. Avanza mediante redes internacionales de colaboración. Las preguntas más complejas requieren respuestas construidas entre muchos centros, muchos equipos y muchos años de experiencia acumulada.

Cada paciente incluido en esta serie representa una decisión clínica tomada frente a la incertidumbre. Cada resultado añade una pieza más al conocimiento colectivo de nuestra especialidad.

Y esa es, probablemente, la verdadera importancia de este trabajo.

No únicamente los datos que aporta.

SF3B1 y la eterna búsqueda del biomarcador perfecto en los prolactinomas

Rai A, Barry S, Mangili F, Barbieri AM, Scheich B, Iacovazzo D, Chatterjee D, Rice T, Begalli F, Roncaroli F, Magid K, Suleyman O, Szücs N, Tőke J, Herrera-Martínez AD, Soto-Moreno A, López-Fernández J, G-Garcia ME, Luque RM, Guaraldi F, Mazzatenta D, Gentilini F, Asioli S, Mangone A, Locatelli M, Lania AG, Tóth M, Dutta P, Mantovani G, Peverelli E, Korbonits M. Prevalence of somatic SF3B1R625H mutation in lactotroph tumours from a multi-centric cohort: A digital PCR based study. Eur J Endocrinol. 2026 Jun 15:lvag098. doi: 10.1093/ejendo/lvag098. Epub ahead of print. PMID: 42294999.

La neurocirugía hipofisaria vive desde hace años una paradoja. Mientras la biología molecular de los tumores avanza a una velocidad vertiginosa, nuestra capacidad para predecir el comportamiento real de un prolactinoma continúa dependiendo fundamentalmente de variables clásicas: tamaño tumoral, invasión del seno cavernoso, respuesta a agonistas dopaminérgicos y evolución radiológica.

Periódicamente surge un nuevo biomarcador que promete revolucionar la práctica clínica. Durante un tiempo, uno de los candidatos más prometedores fue la mutación SF3B1 R625H.

El interés era comprensible. SF3B1 es un gen implicado en el procesamiento del ARN mensajero, una función esencial para la regulación de la expresión génica. Alteraciones en este mecanismo han sido descritas en diversos tumores humanos y, cuando se identificó la mutación R625H en prolactinomas, los primeros estudios sugirieron asociaciones llamativas con mayor proliferación, invasividad, resistencia a agonistas dopaminérgicos y peor pronóstico.

La hipótesis era atractiva. Quizá habíamos encontrado finalmente una alteración molecular capaz de distinguir los prolactinomas verdaderamente agresivos de aquellos con un comportamiento más benigno.

Sin embargo, la historia de la medicina está llena de hipótesis biológicamente elegantes que no sobreviven a la validación clínica.

El reciente estudio multicéntrico de Rai y colaboradores representa precisamente ese momento de confrontación entre la expectativa y la realidad. Analizando 127 prolactinomas mediante PCR digital, los autores identificaron la mutación en aproximadamente el 17% de los casos. Los tumores mutados eran mayores y aparecían en pacientes más jóvenes. Hasta aquí, nada especialmente sorprendente.

Lo relevante fue lo que no encontraron.

No hubo asociación significativa con invasión tumoral. No hubo relación con el índice proliferativo Ki-67. No hubo incremento de recurrencias. No hubo peor supervivencia libre de enfermedad. Tampoco se observó una mayor resistencia a los agonistas dopaminérgicos, quizá el aspecto clínicamente más importante.

En otras palabras, la mutación existe, pero su capacidad para modificar la toma de decisiones clínicas parece extraordinariamente limitada.

Para el neurocirujano esto tiene implicaciones importantes. La utilidad de un biomarcador no reside en su sofisticación molecular, sino en su capacidad para cambiar conductas. Un marcador que no altera la indicación quirúrgica, la estrategia de seguimiento, la frecuencia de los controles o la selección de tratamientos tiene un valor práctico reducido, independientemente de su interés biológico.

Esta es una lección que la neurooncología ha aprendido repetidamente. Muchas alteraciones moleculares muestran asociaciones estadísticas con determinados fenotipos tumorales, pero pocas alcanzan la robustez necesaria para convertirse en herramientas clínicas reales. La distancia entre la significación biológica y la utilidad clínica suele ser mucho mayor de lo que inicialmente imaginamos.

El estudio de Rai et al. no invalida el papel biológico de SF3B1. Es posible que la mutación participe en mecanismos de tumorogénesis o influya en aspectos aún no completamente comprendidos de la fisiopatología de los tumores lactotropos. Lo que cuestiona es algo mucho más concreto: su utilidad actual como marcador pronóstico para la práctica diaria.

Quizá la principal aportación de este trabajo sea recordar que la validación es tan importante como el descubrimiento. En una época dominada por la genómica y la medicina de precisión, existe una tendencia natural a asumir que cada nueva alteración molecular identificada tendrá consecuencias inmediatas para el manejo clínico. La realidad suele ser más compleja.

Por ahora, el neurocirujano que evalúa un prolactinoma continúa obteniendo más información pronóstica de una resonancia magnética bien interpretada que de un análisis molecular de SF3B1.

Y aunque esto pueda parecer decepcionante para algunos investigadores, probablemente sea una buena noticia para la ciencia. Los biomarcadores verdaderamente útiles son aquellos capaces de superar el escrutinio de cohortes independientes y reproducir sus resultados de forma consistente. SF3B1 ha superado la fase del descubrimiento, pero todavía no ha demostrado haber superado la fase de la utilidad clínica.

La pregunta ya no es si la mutación existe. La pregunta es si realmente importa. Y, al menos por el momento, la respuesta parece ser: mucho menos de lo que esperábamos.

Cuando el monitor calla

Hubo un tiempo en que no existían sensores de presión intracraneal.

No había curvas digitales.

No había monitorización multimodal.

No había algoritmos.

Solo había un paciente, una exploración neurológica, una radiografía simple y un neurocirujano obligado a decidir.

Aquellos pioneros se equivocaban más de lo que nos gustaría admitir.

Pero también acertaban más de lo que muchos jóvenes imaginan.

Porque aprendieron una lección que la tecnología no ha conseguido reemplazar.

La medicina nunca ha consistido en leer números.

Ha consistido en comprender personas.

Décadas después llegaron los monitores.

Y con ellos llegaron nuevas posibilidades.

La presión intracraneal pudo medirse de forma continua.

La fisiología cerebral empezó a mostrar secretos que hasta entonces permanecían ocultos.

La neurocirugía se hizo más segura.

Más precisa.

Más científica.

Y sin embargo apareció un peligro inesperado.

Comenzamos a mirar tanto las pantallas que, a veces, dejamos de mirar al paciente.

Todavía ocurre.

Una llamada de madrugada.

—La PIC está en 30.

La frase parece suficiente.

Como si la decisión estuviera ya tomada.

Como si el monitor hubiera emitido un veredicto.

Pero el monitor no sabe si las pupilas han cambiado.

No sabe si la tomografía muestra una herniación inminente.

No sabe si el cerebro todavía conserva capacidad de adaptación.

No sabe cuánto tiempo lleva ocurriendo el problema.

No sabe quién es el paciente.

No sabe nada.

Solo muestra un número.

Y entonces aparece la verdadera diferencia entre un médico y una máquina.

La capacidad de interpretar.

Los residentes suelen creer que la experiencia consiste en acumular conocimientos.

Con los años descubren que la experiencia consiste, sobre todo, en aprender a desconfiar de las respuestas fáciles.

Porque una PIC de 20 puede ser una catástrofe.

Y una PIC de 30 puede no serlo todavía.

Porque una anisocoria vale más que muchas pantallas.

Porque una tomografía puede desmentir un monitor.

Porque la fisiología real siempre es más compleja que los protocolos que intentan describirla.

Quizá por eso los neurocirujanos veteranos desarrollan una relación peculiar con la tecnología.

La respetan.

La utilizan.

La necesitan.

Pero nunca le entregan el mando.

Han visto demasiados casos.

Demasiadas excepciones.

Demasiados pacientes que no leyeron las guías antes de ingresar en urgencias.

La doctrina de Monro-Kellie sigue enseñándose dos siglos después de haber sido formulada.

Y debe seguir enseñándose.

Pero incluso ella nos recuerda una verdad más profunda.

Todos los modelos son aproximaciones.

Ningún modelo es el cerebro.

Ninguna curva es el cerebro.

Ninguna presión es el cerebro.

El cerebro sigue siendo ese órgano extraordinario capaz de desafiar constantemente nuestras predicciones.

Quizá por eso la neurocirugía continúa fascinándonos.

Porque después de todos los avances, después de todos los monitores, después de todos los ensayos clínicos y todas las guías, sigue existiendo un instante en cada guardia en el que alguien debe mirar a un paciente y preguntarse:

—¿Qué está ocurriendo realmente aquí?

Ese momento no aparece en ninguna pantalla.

No puede monitorizarse.

No puede cuantificarse.

No puede protocolizarse.

Y sin embargo sigue siendo el acto más importante de toda la neurocirugía.

Los monitores hablan.

Las imágenes hablan.

Las cifras hablan.

Pero, cuando llega la hora de decidir, todavía necesitamos algo que ninguna máquina ha conseguido fabricar.

Necesitamos criterio.

Porque al final no tratamos una presión intracraneal.

No tratamos una tomografía.

No tratamos una curva.

Tratamos un cerebro humano.

Y eso sigue exigiendo algo más que tecnología.

Sigue exigiendo un neurocirujano.